Francisco Pino: el poeta de los agujeros

  • Esperanza Ortega Università degli Studi di Milano

Abstract

La obra de Francisco Pino (1910-2002), en sus dos vertientes, experimental y no-experimental, posee una coherencia absoluta en cuanto a su concepción creacionista, que considera el poema como «manifestación de existencia». En este contexto aparecen en los años setenta sus libros de agujeros troquelados, que son su característica más relevante y constituyen una muestra de osadía artística y rebeldía vital. Estos libros de agujeros, minúsculas maquetas del uni-verso, poseen un sentido metafísico-religioso: Pino representa en ellos el vacío y el silencio consustancial a la poesía como música inaudible y espacio invisible, y nos ofrece los planos de una arquitectura poética que comunica con el infinito por medio de la ventana troquelada. Hay una búsqueda de la palabra poética total en toda su obra, desde sus primeros versos, en los que ya aparecen intuiciones reveladoras de sus hallazgos posteriores. Aunque, para Pino, la poesía es búsqueda constante, persecución de una presa inalcanzable. En esa persecución, hallará los caligramas, los libros troquelados y los poemas visua-les realizados en todo tipo de soportes desechables, pues Pino afirmó siempre su deseo de permanecer en la órbita de lo efímero, ajeno al anhelo de eterni-dad y ajeno también a las convenciones de la Historia del Arte, aunque su postura condenara a su obra al ostracismo o la expusiera a la irrisión. En la ilustración de uno de sus últimos libros, el titulado Tejas: lugar de Dios. Obertura, un pájaro se deshace en el poema. Sin trino ni mensaje posible, el poeta recoge la pluma del pájaro y con ella escribe. Así pues, la poesía surge tras la destrucción del poeta, como consecuencia de su disolución en el texto, una inmolación feliz e inexplicable, que inunda de luz cegadora el poema, iluminándole, sin llegar a desvelar su misterio.
Pubblicato
2014-03-20